Domingo, 5 de abril, a las 11:00h. – Culto de Domingo de Resurrección. Hubo varias participaciones, con lecturas (Juan 19:17-30 y Juan 20:1ss.), Dorel y Maria cantaron en rumano «E viu, e viu, mormântul Lui e gol» (Él está vivo, Él está vivo, Su tumba está vacía) y Esther García recitó la poesía «Aquellas benditas manos». Para la Santa Cena, el pastor Daniel Zoppetti nos recordó que Jesús demostró que es vida por medio de los milagros de resurrección que hizo. Y también nos habló de Enoc, un personaje del Antiguo Testamento que no vio la muerte y es símbolo de la gracia de Dios y de la vida eterna. La carta de Judas nos dice que Enoc caminó con Dios (agradó a Dios), y es un ejemplo para nosotros, que nos debe hacer reflexionar sobre nuestro andar con el Señor.
En la predicación, nuestro pastor Benjamí López planteaba una suposición: si alguna vez nos hemos preguntado si tomamos a Jesús en serio. En la Biblia vemos muchas personas que buscaban a Jesús: los magos, sus padres en el templo, los que buscaban un milagro, las mujeres que fueron al sepulcro, los discípulos (Pedro y Juan) que querían comprobar si Jesús estaba o no en el sepulcro… Hoy también muchos buscan a Jesús, pero no lo encuentran. Según Juan 20:9, la clave para buscar a Jesús es conocer la Escritura; en otro sitio no se puede encontrar. Se le encuentra entendiendo su Palabra y eliminando los posibles prejuicios, como los tuvo María Magdalena, que creía que se habían llevado el cuerpo de Jesús, o María, que al ver a Jesús lo confundió con el hortelano. El encuentro con Jesús resucitado es el inicio de la proclamación del mensaje de Jesús. Primero hay un encuentro, luego se le reconoce verdaderamente como Jesús resucitado y a partir de ahí se comparte su mensaje de salvación. Tomás no estaba con los discípulos y no pudo recibir el mensaje. Su fe era débil: ni estaba reunido con los otros, ni les creyó cuando le dijeron que habían visto a Jesús resucitado. Esto nos enseña que hay que mirar a Jesús con los ojos de la fe.
Domingo, 12 de abril, a las 9:30h. – Las hermanas tuvieron su «Desayuno con diamantes» de este mes.
Domingo, 12 de abril, a las 11:00h. – En el Culto de alabanza y comunión, nuestro pastor Benjamí López ministró la Santa Cena. La predicación de la Palabra estuvo a cargo del pastor Daniel Zoppetti, quien continuó el estudio sobre el libro de Levítico que inició el mes anterior (entonces fue el capítulo 1, ahora el 2). El tema principal de este libro son las ofrendas y sacrificios. En este capítulo 2 vemos la ofrenda de dedicación. Era una ofrenda de cereal encendida, preparada con incienso quemado para que su olor subiera hasta Dios. La ofrenda de cereal representaba la perfecta humanidad de Jesucristo, que se identificó con nosotros. La importancia de estas ofrendas no era quien las presentaba, sino que anticipaban a Jesucristo. Para agradar a Dios, los judíos debían preparar todo a conciencia, cumpliendo todos los requisitos que Dios establecía. Esto nos enseña que también nosotros debemos buscar agradar a Dios con nuestra adoración y que ésta debe ser dirigida por el Espíritu Santo y no por habilidades humanas. La intervención del sacerdote en aquellas ofrendas ya indicaba la necesidad que tenemos de un mediador entre Dios y nosotros (para los judíos, el sacerdote; para nosotros, Cristo).
Sábado, 18 de abril, a las 11:00h. – Reunión «Ora y Labora» para planificar las actividades de primavera: Sant Jordi (abril), FirEntitats 2026 (16 de mayo) y el 75 aniversario de nuestra iglesia.
Domingo, 19 de abril, a las 11:00h. – Culto de alabanza y comunión. Nuestro pastor Benjamí hizo una introducción sobre la importancia que debemos dar a la lectura de la Biblia, sobre todo en esta próxima «Semana del libro». La invención de la imprenta nos permite tenerla y leerla. El Salmo 119 nos habla de la Palabra de Dios y Mateo 7 nos dice que nadie, por muy importante que sea, debe manipularla. Nos exhortó a reivindicar la lectura y el estudio de la Biblia y a que ella gobierne nuestras mentes y nuestros corazones.
El pastor Daniel Zoppetti continuó el estudio de Levítico con las ofrendas de paz (o de comunión) que aparecen en el capítulo 3.



